Integras tus polaridades?

Una de las estrategias que las personas empleamos para ordenar nuestra realidad es la catalogación a través de las polaridades. Habitualmente etiquetamos a las personas de nuestro entorno como buenas/malas, inteligentes/tontas, aburridas/divertidas, alegres/tristes, etc. Y en este proceso en el que catalogamos,  solemos emplear términos absolutos (o blanco o negro) que se encuadran dentro del proceso de polarización.  El uso del lenguaje no hace más que confirmar lo que pasa dentro de nosotros.
Esta división de lo blanco y lo negro, olvidándonos de los grises, es un problema que afecta a nuestras relaciones en todos los ámbitos. Decimos que las personas tenemos aspectos propios de los que somos conscientes. Por ejemplo, soy perfeccionista. Somos conscientes de ello, y seguramente las personas de nuestro entorno también. Sin embargo, la polaridad del perfeccionismo (que dependerá de cada persona, pudiendo ser, por ejemplo, la dejadez, la pereza, el conformismo) también podemos encontrarla en nuestro interior. ¿Alguna vez has conocido a alguien que sea especialmente calmado y pausado y que, bajo ciertas circunstancias, se vuelve extremadamente iracundo?
Si en nuestro interior hay un perfeccionista, un alegre o un extrovertido, también habita en nuestro interior su polaridad, que permanece oculta, en la sombra. Por lo general, son cualidades nuestras que rechazamos. Las escondemos en el fondo de nuestro ser porque no las queremos tener cerca. Así, cuando nos encontramos con otra persona que posee alguna de esas cualidades que habitan en nuestra sombra, suele provocarnos un sentimiento de rechazo. Esto es lógico, ¿por qué motivo querría tener cerca a alguien que tiene un aspecto mío que rechazo?
He aquí de nuevo la problemática de las polaridades, de definirnos a nosotros y a los demás en términos absolutos. Quien se victimiza, en ocasiones se polariza siendo acusador. Quien quiere ser perfeccionista, se polariza luchando por ser un poco más flexible; el que es gracioso, tratará de ser algunas veces serio. Las polaridades siempre acaban saliendo a la superficie, generalmente en situaciones emocionales intensas.
Cuando nos lanzamos a explorar las polaridades, tratamos de integrar esas dos partes que llevamos dentro y que aparentemente son irreconciliables. De esta forma podremos ser graciosos cuando lo deseemos, y serios cuando sea necesario. Perfeccionistas cuando las circunstancias lo requieran, y vagos cuando queramos relajarnos o descansar. Cuando somos capaces de integrar nuestras polaridades ni siquiera tenemos que preguntárnoslo ya que simplemente actuaremos en función de la situación y de nuestras necesidades. El primer paso consiste en descubrirlas!

Prof. Cristina Rubio

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