Para no rumiar nuestras penas

La repetición de nuestro nombre es un procedimiento excelente para dominar una tendencia muy natural en el hombre: rumiar sus penas. Cuando rumiamos nuestras penas comienzan todas las compulsiones. La mente toma nota de cualquier observación o incidente insignificantes –no más grandes que un globo desinflado- y empieza a inflarlo pensando más y más el asunto, soplando hasta hacerle alcanzar tamaño más que suficiente para colmar nuestra conciencia. Desde ese momento ya no puede pensarse en otra cosa.
Cuando la mente se lanza a esa rutina de inflar e inflar, decir nuestro nombre restablece nuestra perspectiva permitiendo que el aire soplado salga. Cada vez que la mente impulsa algo de aire, el nombre hace un agujerito suficiente para que nuestra atención se libere. Es posible que el globo en cuestión no se desinfle de una sola vez… Después de todo, tamañas emociones como son la ira o el deseo, el miedo tienen pulmones poderosos. Pera ya desde el comienzo, el globo no alcanzará proporciones desmesuradas, puesto que se ha introducido una medida de libre elección. La próxima vez que se presente la misma situación, se comprobará que esa libertad de elección se ha vuelto más grande todavía.
Cristina Rubio
Podés leer otros artículos en el blog de la página!
Para obtener tu primera sesión sin cargo podes escribirme a vidaenarmonia@crisrubio.com.ar

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.