Una nueva forma de ver las adicciones?


¿Qué es lo que se encuentra en el corazón de una adicción? ¿Qué es lo que un “adicto” (y todos somos adictos, hasta cierto punto) busca realmente, más allá de su siguiente dosis?
Literalmente estamos tratando de destruirnos a nosotros mismos a través del objeto de nuestra adicción – alcohol, drogas, cigarrillos,  personas;  utilizaríamos cualquier cosa con tal de morir. Inconscientemente estamos tratando de eliminar a ese buscador, de destruir al yo separado, estamos tratando de morir a la imaginación de nosotros mismos. Es un intento desesperado por encontrar nuestro Hogar, re-conectar nuestra inseparabilidad con la vida. La adicción es sólo la búsqueda del amor disfrazada de algo más. El anhelo por la muerte de uno mismo es realmente el anhelo por un amor incondicional, por la intimidad con la vida. El alcohólico, el drogadicto, el adicto al sexo, el adicto a la computadora o al chocolate, es un amante desesperado con un inmenso anhelo de su objeto amado. Se trata de un buscador espiritual, buscando desesperadamente a ese supremo gurú.

Sin embargo, el cigarrillo, la aguja, la nueva bolsa de Gucci, no es tu verdadero gurú. Se trata más bien de un gurú que decepciona y lastima, no es el gurú del amor incondicional y la aceptación. Entonces, el mecanismo de búsqueda está perfectamente diseñado para fracasar con perfección, para que nunca puedas alcanzar aquello que tanto anhelas en el nivel más profundo. Está destinado a desilusionarte completamente a través de “objetos externos” y despertarte del sueño de que necesitas algo fuera de ti para estar completo en ESTE momento.

El cigarrillo o el chocolate no destruye al buscador, no genera amor incondicional, no deshabilita definitivamente el mecanismo de la búsqueda. Lo que se logra es sólo una pausa momentánea, un alivio transitorio, mientras el mecanismo se restablece a sí mismo. Ese alivio temporal desaparece y los efectos secundarios hacen su aparición, y el malestar de la separación regresa, y así, la búsqueda comienza de nuevo, hambrienta de su siguiente dosis, su siguiente trago, su siguiente barra de chocolate, su siguiente orgasmo, su siguiente víctima. El mecanismo está perfectamente diseñado para que nunca se satisfaga a sí mismo. Nunca entrega lo que promete. Nunca puede llegar por sí mismo a completarse en el tiempo.

Y así, eventualmente, perdemos la fe en nuestro gurú del cigarrillo, en el gurú del alcohol, en el gurú del dinero, en el gurú del consumismo, y nos enamoramos del verdadero Gurú, ese Gurú que siempre estuvimos anhelando, el Gurú de lo que realmente somos. Nos enamoramos de ese Amante que no puede abandonarnos. Descubrimos la presencia perfecta e incondicional del Amado, disfrazado de este momento presente exactamente como es.  Las droga,  las compras, el cigarrillo no se acercan siquiera a esto. Jamás engañarías a este Amor. El cigarrillo te ofrece una emocionante historia de amor, haciéndote cualquier tipo de promesas, y tú, cortésmente lo despides, porque ya estás enamorado de algo más.
El objeto de la adicción jamás podrá darte nada.

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